Matemáticas
Él se considera buena gente pero, como no se fía de la natural, consulta en el móvil a su conciencia artificial y esta le hace un cálculo a la velocidad del rayo. Pongamos que tiene al menos diez pensamientos por hora. Muy posiblemente cada tres horas hay uno que refleja un sentimiento empático o solidario con la situación de otras personas, desde una antigua novia hasta los afectados por un volcán en Indonesia. Si está despierto quince horas al día, dedica al ser humano cinco pensamientos empáticos por jornada. En sus cuarenta y tres años ha vivido como ser pensante al menos treinta y seis. Eso hace un total de trece mil ciento cuarenta días, unos sesenta y cinco mil setecientos pensamientos dedicados al prójimo. Proporcionalmente, esa cifra no es nada dentro de la astronómica cantidad de prójimos del mundo. ¡Somos más de ocho mil millones!
—¿Si eres una buena persona? ¡Qué coño! —le contrarreplica la CA, aliada con las matemáticas para dar por saco—. Como todo Dios, eres un redomado egoísta que apenas piensa en los demás.
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